viernes, 15 de enero de 2016

HISTORIA DEL ÁTOMO (I)

A lo largo del tiempo la sencilla idea de que las cosas están compuestas de partículas indivisibles ha tomado distintas formas y ha servido para justificar tanto la libertad como el determinismo.

La teoría atómica surgió cómo la solución al problema planteado por los Eléatas (Parménides y sus discípulos, entre los que destacaba Zenón) que para refutar el aparente movimiento que perciben nuestros sentidos enunció la famosa aporía de Aquiles y la tortuga.
Zenón afirmaba que Aquiles nunca cogería a la tortuga porque cuando llegara a donde estaba ésta ya se habría ido, al volver a intentar cogerla estaría más allá y así sucesivamente, esta aparente contradicción se basa en que la distancia física puede dividirse hasta el infinito, como ocurre en las matemáticas.


Para evitar ese problema Leucipo cortó por lo sano: la realidad se compone de a-tomos: unidades indivisibles de materia. Así que Aquiles finalmente atraparía a la tortuga. Demócrito discípulo de Leucipo acentuó el determinismo de la nueva teoría: si conocemos la situación actual de un átomo, conoceremos  su situación en el futuro. De modo que todo puede predecirse.

Epicuro
Epicuro que tiempo después hizo suya la teoría evitó su fatalismo que conducía a la anulación del libre albedrío afirmando que una parte del movimiento de los átomos era errático y así de esta forma salvó la libertad humana pues ¿qué sentido tendría una teoría ética como la suya sin libertad?

Platón dio formas geométricas a los átomos de los que dijo que había cinco: Tierra, agua, fuego, aire y el quinto elemento o quinta esencia. Heissenberg, uno de los padres de la Física Cuántica afirma que ésta interpretación de los átomos es la que está más en sintonía con la ciencia actual.

Átomos de Dalton
Aristóteles, un ecléctico que tomó las ideas de los físicos anteriores a él, prescindió del átomo para explicar la naturaleza y esta situación se mantuvo hasta los tiempos de la ilustración inglesa, cuando el irlandés Robert Boyle la volvió a poner sobre el “tapete” de la ciencia en el siglo XVII. Hay que destacar, sin embargo que estos nuevos los átomos poco se parecían a sus antecedentes griegos pues tenían púas y ganchos con los que se aferraban unos a los otros.

Su contemporáneo Inglés, Sir Isaac Newton no habló propiamente de átomos pero si de partículas con las que explicó el comportamiento de la luz pese a que otro colega suyo, el holandés Christian Huygins consideró que la luz se propagaba más bien como las ondas en un estanque.

En cualquier caso la teoría que triunfó durante los siguientes cien años fue la de Newton y cuando Dalton propuso su concepto de átomo como bolitas diminutas de materia, la teoría corpuscular ya se había impuesto aunque no por mucho tiempo.

Átomo de Rutherford
La teoría corpuscular no servía para explicar ciertos fenómenos y las ecuaciones de Maxwell que asociaron los fenómenos eléctricos y los campos magnéticos dieron definitivamente la razón a la teoría ondulatoria o eso parecía porque a pesar de todo, la luz también se comportaba como si estuviera compuesta de partículas.

Pero otro acontecimiento vino a sacudir los cimientos, ya suficientemente inestables de la física, el descubrimiento de que los a-tomos no eran la “ultima frontera” de la materia sino que estaban compuestos de partículas mucho más pequeñas: El modelo de Rutherford puso punto final al reinado del átomo como la unidad mínima de la que estaba compuesta la materia.

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